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No hay campaña electoral sin promesas fiscales. Esta es una máxima que se cumple en cada cita con las urnas. Pero quizás, esta es la vez en la que la lluvia, tanto en dinero contante y sonante como en número absoluto de propuestas, ha sido más abundante.

El PP ataca con el fichaje del hombre con uno de los finiquitos más grandes de la historia empresarial española (22 millones de €) y que será su cabeza visible en economía en caso de ganar las generales, Manuel Pizarro. Curioso personaje.

Por su parte, el equipo económico del PSOE ha elaborado un interesante programa, con hojas de ruta para el debate con los sindicatos, subidas en las partidas para educación e infraestructuras, y, sobretodo, el aumento en I+D+i y economía productiva.

Otras dos medidas interesantes para la ciudadanía, pero con ciertos errores en su planteamiento, que no en su fondo, son el aumento en inversiones para políticas ecológicas y la desgravación de 400€ en el Impuesto sobre la Renta para Personas Físicas. Esta última medida ha sido, sin duda alguna, la propuesta estrella, la que más ruido mediático ha generado en los medios de los dos partidos mayoritarios.

El presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero ha prometido que devolvéra 400€ a todos los contribuyentes si sigue en la Moncloa tras el 9-M. ¿Qué razones se pueden esgrimir para hablar de la utilidad de esta propuesta? En una difícil conyuntura económica mundial esta medida quiere estimular el consumo familiar, una de las patas del crecimiento del estado los últimos años, y, también ayudar a las familias con rentas más bajas. Además, el coste de ponerlo en marcha solo supondría un gasto de 5.000 millones de €, lo que ni mucho menos pone en peligro el equilibrio presupuestario del estado.

Vayamos por partes. Primero, con la parte más comprometida de la devolución. ¿Nos hallamos ante una medida lo suficientemente progresiva? Para mi, rotundamente no, y menos cuando hablamos de una propuesta de un partido de ideologia izquierdista. En una legislatura con marcado acento social, la forma, que no el fondo de la medida, me parece poco acertada. Esta deducción en el IRPF supone que todos los contribuyentes desgraven 400€ de sus impuestos, independientemente del nivel de renta que tengan. Es decir, una familia con unos ingresos medios de 1000€ mensuales recibirá la misma cantidad que una con 5000€. Error. Si bien, a la familia con menores ingresos, la desgravación le supondrá un mayor desahogo que a la otra, podría suponerle mucho más en caso de aplicar una política más progresiva en la medida. Es decir, para ser claros, el contribuyente con mayores ingresos, el pico más alto en los gráficos de los sueldos de los cotizantes españoles, recibiría una cantidad muy pequeña, cantidad que iría creciendo para las familias con menores rentas, de forma que las clases trabajadoras se verían más beneficiadas. Dos claras ventajas. Primera, una redistribución más justa de los recursos del estado (claro postulado de la ideología socialista) y segundo, empuje al consumo, puesto que el motor de este lo dan las clases medias y trabajadoras. Con esto último, enlazamos con el segundo objetivo del gobierno con esta propuesta. De esta forma se obtendría una mayor alza de este consumo.

En definitiva, esta propuesta se puede considerar como positiva, con estos matices. Si, ayudará a los ‘currantes’, de los que tanto se vanagloria Manuel Pizarro de que va a estar a su lado, de forma clara, pero seamos inconformistas, pidamos más a nuestro gobierno, que esta medida no se quede aquí. Se ha hecho lo más difícil, abrir la vereda. Ahora toca recorrerla hasta el final.