
No hay uno sin dos, y después de analizar las propuestas en materia económica del PSOE, me gustaría hablar ahora de las del principal partido de la oposición.
La gestión económica de la presente legislatura se puede calificar de positiva, al mismo tiempo que esta buena marcha de las arcas del Estado han permitido elevar el gasto social y costear medidas de gran calado entre las personas. Es por ello que el PP sólo ha podido meter baza estos últimos meses, coincidiendo con el inicio de la desaceleración de la economía española, que por causas de conyuntura mundial ha visto reducido su crecimiento en el PIB de algunas décimas.
Para conseguir protagonismo, fichan a Manuel Pizarro, expresidente de Endesa y catalanofóbico de asunción. Éste resume su política económica con un “creo en la empresa privada”, lo cual nos deja ver, muy a las claras, sobre que puntos basa el PP su programa económico de cara a las generales. Básicamente son dos: bajada de impuestos y libre mercado total. Nada nuevo bajo el sol, se siguen los clichés de la tradicional derecha conservadora.
Sin entrar a fondo, pueden parecer buenas medidas, incluso grandes soluciones, pero detrás de esto se esconden ciertos puntos dudosos. En una buena conyuntura económica uno se puede permitir bajadas drásticas de impuestos sin que los ingresos del Estado lo noten en demasía, pero esto no se puede considerar como un proyecto efectivo a largo plazo. Una gran bajada de impuestos acaba por conducir a una reducción de los ingresos del estado, a sabiendas de que eso nos lleva, sin discusión alguna a un aumento de la deuda pública con un balance entre ingresos y gastos negativo (véase la preocupante balanza del estado francés), y lo que es más preocupante, una inevitable pérdida de inversiones en políticas sociales.
Si nos fijamos en la economía de los países escandinavos, aquellos donde la renta per cápita es más alta, basan su economía en una fuerte presión fiscal, lo que permite construir un estado del bienestar con unos pilares muy fuertes. Esto, claramente, tiene un efecto ‘boomerang’ y el ‘gasto’ que para cada ciudadano supone el pagar sus impuestos lo ve retornado en forma de servicios de calidad.
Las reducciones fiscales que promete el PP no afectan tanto al ciudadano de a pie, puesto que la reducción del IRPF que proponen afecta más a los tipos máximos(los de aquellos salarios más altos), que a los bajos(el grupo de los mileuristas), y la bajada del impuesto de sociedades sigue sin dar soluciones a jóvenes con brillantes ideas, pero con el bolsillo vacío. También, es una alegría que el PP prometa invertir más en la lucha contra el cambio climático, aunque en su programa se incluyan dudosas propuestas en esta materia.
El partido de los “currantes” (Mariano Rajoy dixit) no se acuerda del salario mínimo, de los jóvenes licenciados mileuristas o de las familias con menos recursos. Eso si, las medidas para favorecer a las grandes empresas no faltan. Lo dicho, nada nuevo bajo el sol.
